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viernes, 9 de marzo de 2012

Recuerdos por Tessa Mas





Alguien dijo alguna vez que el dolor más grande no lo causan los golpes, sino el forjado por el desprecio, cuando tu vida se convierte en un laberinto del cual no encuentra salida
Los recuerdos se marchitan, los buenos se retienen sin ninguna dificultad, los malos se almacenan pero siempre siguen presentes hagas lo que hagas, viven formando ciclos persistentes en la memoria a pesar del tiempo transcurrido, recuerdos de un paso por la vida, mi vida fugaz como el inevitable cambio de estación.
Las hojas del otoño extienden un manto de colores ocres, anaranjados junto al sonido inseparable del viento, mostrando a su paso un triste y desolado paisaje, bajo la fría losa de mármol, siento como la rabia desaparece, recupero la serenidad, tu presencia cerca, la tierra mojada por las persistentes gotas de lluvia y las pequeñas lagrimas creando diminutas perlas de dolor y tristeza, van formando en la arena del camino un vinculo granulado al paso de la comitiva en lento caminar.
Mis huesos descansan, presiento que poco o nada queda de las flores, el viento que junto al frio de la mañana ha ido formando escacha ya las debe haber despojados de sus bellos pétalos, todo el mundo ha vuelto a sus hogares, el silencio sepulcral me lo confirma.
Mientras me convierto en polvo, recuerda que tú me enseñaste a amar, tú que en estos momentos lloras como un niño, tú que decidiste en un impulso de rabia poner fin a mi vida.
¿Recuerdas como fue mi paso por tu vida?, ¿Alguna vez has vuelto a recordar todos nuestros sueños?
Esta noche lloraran mi perdida, mañana ya seré un recuerdo, dos líneas en un periódico, unos segundos del telediario y un numero mas para engrosar la lista del ¿Por qué? Cuando mi mayor delito fue amarte.
Recuerdas la primera vez que besaste mis mejillas, con delicadeza para no hacerme daño.
Recuerdas la primera vez que hicimos el amor, tu sujetabas la sabana para que yo no me sonrojara, cobijando mi cuerpo, entre tus brazos con ternura.
Recuerdas aquel día que llegue corriendo y te grite que estaba embarazada, tú lloraste como un niño, cuanta felicidad murmuraste, acariciando mi pelo.
Recuerdo al principio cuando te esperaba y el tiempo se hacía interminable, al oírte llegar mi alma se estremecía, deseando que entraras, me abrazaras y llenaras mi cuerpo de caricias de seda.
Los paseos cogidos de la mano, tu mano que durante un tiempo me dio seguridad, tranquilidad.
Después vagamente recuerdo, que tu presencia empezó a llenarme de amargura.
Recuerdo, nuestras conversaciones sin terminar, creado un vacío en mi mente del cual no conseguí salir.
Recuerdo tus besos, fríos, sin sentimiento al contacto con mi saliva.
Cuando me abrazabas y yo no lograba dominar el miedo.
Tus palabras que se clavaban como un puñal atravesando mi alma, derramando el amor en un inagotable goteo de impotencia, sin detenerse hasta los últimos suspiros que un día no muy lejano estos eran de pasión
Me convertí en tu sombra, callada, solitaria rezando para que el nuevo día me despertara de la pesadilla en la que habías convertido mi vida.
Quizás recuerdes, la primera vez que la cena se enfrió y la estampaste en la pared, el alcohol ya llenaba el aire de tristeza, las paredes del comedor.
Fuiste sembrando miedo, marchitando los recuerdos, ultrajando la alegría, hasta el punto que los golpes dejaron de dolerme, los hematomas se curaban el alma envejecía, poco a poco solo quedo un frágil recuerdo de ilusión.
Ahora que mi sueño será eterno, recodaras que las rosas siempre no tuvieron espinas, ellas volverá a despertar de nuevo con cada estación, quizás hoy recuerdes cuando tu violencia me hacia refugiar en los recuerdos para que mi vida fuera más llevadera.
Porque tú fuiste mi única realidad. Y mi único delito fue amarte.
De nada sirvieron, los consejos, nuestros momentos felices, por desdicha tu mente estaba envenenada y no quisiste escuchar a quienes te querían,
Amanecía gris la hora se acercaba, el mundo quedo en silencio.
Recuerdo tu rostro, los ojos enrojecidos por el alcohol, las manos vacilantes, levantaste la escopeta. El humeante y frágil sonido del arma atravesó mi pecho, rota en dos caí en un charco de sangre inocente, porque mi mayor delito fue amarte.
Recogí los recuerdos, donde el amor, invadía nuestros sueños y se alimentaba de la esperanza de vivir eternamente juntos.
Aparte el dolor, cerré los ojos y fantaseé de nuevo buscando tus besos, averiguando lo mejor que sin duda fue vivir contigo. Tú borraste el recuerdo de cuando el amor aun nos intentaba dar una última oportunidad.
Recuerda que tú decidiste de un disparo en una mañana gris apoderarte de mi vida y ahora lloras tu destierro.

1 comentario:

  1. Un relat fantàstic.Felicitats per la teva destresa a l'hora d'escriure. una forta abraçada

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