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lunes, 21 de mayo de 2012

20 de Mayo de Danna Sans

Es 20 de Mayo, y como astróloga podría contaros muchas cosas, unas interesantes, y otras no tanto. Pero esta vez la inspiración me lleva a derroteros muy particulares. En estos momentos de cambios mundiales, me sobrecoge aún más la experiencia personal. Una de ellas, es el estado de tres de mis mejores amigas; hermanas diría yo, por los lazos indivisibles que nos unen y que me han enriquecido como persona y como mujer. Las tres me han ofrecido tesoros incalculables, y aunque el Universo me ha dado otra hermana real, ésta, también, muy afín a mí, no me ha representado tanto desafío, aunque sí el mismo amor incondicional. Estas tres mujeres han tenido experiencias similares. Sus infancias han estado teñidas de vivencias muy concretas; como resumen diré, que han sufrido un particular abandono materno en su niñez, y aunque no del mismo modo, sí han experimentado el tener que enfrentarse a la soledad a una edad muy temprana. Sus madres, han tenido razones para vivir una maternidad un tanto “diferente”. Así, el amor materno les llegó por caminos complejos. El caso no es juzgar a quien no ha sabido hacerlo mejor, sino comprender cómo, y de qué manera tan distinta, han recibido ellas la misma información de este amor. Cada una a su manera ha luchado para tener su lugar en el mundo, un mundo donde fueran respetadas y queridas por lo que son, nada más. Una, la que nació bajo el signo de Áries, ha luchado y sigue luchando por ser ella misma; la otra, Capricornio, ha exigido ese lugar legitimando su autoridad y creyendo en ella; y mi tercera hermana, Virgo, ha pedido y no ha cejado en el empeño de creer en sus más profundas posibilidades. Son puntos de vista personales y las han ayudado en el caminar de la vida. Han sido mis grandes maestras, y me gustaría compartir con ellas, y con quien quiera, un pensamiento, o mejor, un sentimiento. El hecho de que a pesar de contar con todas nuestras cualidades para seguir adelante, es necesario tener en cuenta que formamos parte de un engranaje mucho mayor, el cual certifica que no estamos solos. Y no lo digo por pensar en entidades o “seres” externos a nosotros, sino en creer que formamos parte de una sopa quántica que nos envuelve, que nos une, y que nos proporciona alimento si nos abrimos un poco a la conciencia universal. Esto puede sonar un poco a chino, pero cuando realmente se experimenta, ofrece una sensación de paz que sobrecoge. Estamos muy acostumbrados a seguir los dictados del EGO. El ego es importante en el día a día, el cual nos da soluciones a los problemas cotidianos, pero si le ofrecemos el poder y lo instauramos en el interior de nuestro reino particular, nos hará creer en la separación y la soledad. En realidad no es así, esta sopa quántica nos da la conexión con todo lo demás, y nos abre un campo de posibilidades para creer que hay algo más que nos sostiene. Creer sólo en la separación es parte del ego, porque es el que vive en el cuerpo, separado de todo lo demás. Él quiere que vivamos en la separación, ya que si no, lo destronamos y lo aniquilamos como figura dominante en nuestras experiencias y decisiones. Cosa que no desea en absoluto, así que nos hará creer firmemente en la soledad como medida de supervivencia. Nuestra alma, o nuestro interior, como queráis llamarlo, es mucho más grande. La paz que ofrece la conexión con otra realidad más lumínica, más amplia y total, hace que las luchas internas se transformen en algo distinto. Por ello, aunque es importante aceptarlas y reconocerlas como lo que son, si vienen de un ego dominado por la necesidad de subsistir a cualquier precio, será vital tomar conciencia, para que no someta a nuestra mente y mucho menos a nuestro espíritu. Sería agradable que todos encontráramos a esta madre universal por nosotros mismos. Esa parte interior que nos acepta y nos ama; sin condiciones, sin juicios, y sin condenaciones. Reencontrando entonces la UNIDAD y la sensación reconfortante de estar siempre en casa. Espero que a partir de este 20 de Mayo, nos acerquemos a este sentir un poco más. Deseo que todos podamos hacerlo, y me incluyo en la ecuación de este deseo. Una gran apertura de corazón para todos.

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