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martes, 19 de noviembre de 2013

Ruta del exilio Argeles-Colliure-Elna

Claveles en la arena de Argeles simbolizando nuestro pequeño homenaje






La ruta del exilio por Argeles-Colliure-Elna guiada por la historiadora y autora del libro “La Maternidad de Elna” te envuelve en situaciones, casi imposibles de describir.

Las sensaciones que percibimos en este lluvioso día al visitar la playa de Argeles fueron intensas y escalofriantes. Allí un pequeño homenaje, proporcionado por Assumpta y su editora en agradecimiento a la exposición de Caldas “La Maternidad en tiempos de exilio” fue ofrecer un clavel rojo en ofrenda a todas aquellas mujeres, niños y hombres que perecieron, y sufrieron el frio invernal y la humedad de la lluvia que calaba sus huesos y mantas en unas condiciones inhumanas.

La visita a la tumba de machado fue emotiva y emocionante, conocer una parte de su historia y su trágico final en la Casa Quintana. Tan intensa que cuando Assumpta preguntó quién quería leer un poema de machado, fui incapaz de articular palabra, a pesar de ser poeta porque las emociones me tenían paralizada.

La inhumanidad vivida por todos los exiliados en playa de Argeles junto a la humanidad y solidaridad de la Elisabeth Eidenbenz desentonan con una época de dolorosa memoria para todas aquellas madres y niños que tuvieron la suerte de nacer y subsistir gracias a la solidaridad de la Elisabeth.

Assumpta narró hábilmente mientras nos envolvía poco a poco en la situación de todas aquellas mujeres que sufrieron, las experiencias y testimonios de algunas de ellas y de alguno de los niños supervivientes (597, niños de exiliados) que incluso llegó a ser alcalde de Elna.

Una ruta que recomiendo a todos aquellos que puedan hacerla por la profundidad de las emociones que te envuelven, obligándote a controlar las intensas ganas de llorar.

Solo puedo dejar mi pequeño homenaje a todas aquellas mujeres que tuvieron la difícil tarea de ser mamás.

El recuerdo perdura en el tiempo

La memoria exclama trazos del pasado
y  una imprecisión florece
en pequeños retazos
de cuyo personaje no se pierde detalle
apreciando en silencio la estampa del rezagado.

Qué anécdota más extraña;
la lluvia humedeció mi cuerpo,
la soledad de aquella playa penetró en mi interior
y logré escuchar el llanto de aquellos niños

que junto a un olor ocre trastornó mis emociones.

Abrazo la voluntad de aquellas mujeres,
pues la Elisabeth consiguió algo increíble de lograr
esperanza entre los muros de la maternidad.

Aquella playa doblegó su dignidad,
pero su memoria nunca se ha de olvidar;
hoy soy su correo… mañana dios dirá

Nuria de Espinosa




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