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domingo, 21 de junio de 2015

Gaviotita


Anais caminaba frente al mar, cuando un sonido la  alertó, una pequeña gaviota que apenas sabia volar cayó en las aguas, la mujer aguardó unos instantes la gaviotita movía sus alitas con dificultad, emitía un suave graznido, como un lloriqueo, Anais la tomó entre sus manos, posiblemente volaba en una manada, su madre la enseñaría volar, quizás cayó a causa del viento, decidió ocuparse de ella.

Anais, se llevó a su casa a Gaviotita, que así llamó, la puso en caja de madera, le hizo una camita con algodón para que se sintiera cómoda, remojaba pan con leche , pacientemente acercaba al pico de la pequeña ave, día a día Gaviotita mejoraba, sus ojitos brillaban , aunque Anais sabía que en su alma  habitaba tristeza, añoraba a los suyos.

Anais, cada tarde bajaba a la playa, a lugar donde encontró a Gaviotita, una semana después revoloteaba un grupo de gaviotas  adultas, una bajaba  justo donde cayó Gaviotita, Anais intuyó que era la mamá esperando encontrar a su cría, Anais supo que era el momento de llevarla a la playa.
Una tarde, la miró dulcemente y le dijo ‘Gaviotita ya sanaste, te vas con mamá’, en la misma caja que fue su nido,  la acercó a la playa, la dejó sobre la arena, a los pocos minutos allí estaba la gaviota madre,  rozaron sus picos, se besaron, Gaviotita emitía sonidos alegres, era feliz al ver a su madre, por unos instantes, las miradas de la gaviota y Anais se encontraron, le agradecía el cuidar a la pequeña.

Anais, un tanto triste, contemplaba como se alejaban las gaviotas, se encariñó con el ave, pero cada uno pertenece a  su lugar...
Magda Jardí
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